Le di de probar las palabras,
las palabras que me dijiste
las que me escribiste sobre papel.
Y ella, sonriendo, dijo:
"¡Qué bonito!"
Sin motivo, sonreí.
Se equivocaba, ella, se confundìa
las palabras eran bonitas, si
el texto era genial
y todo, obra tuya.
Lo que me hizo pensar,
que lo más bonito de aquel poema,
no eran las palabras,
ni los versos asonates,
ni el significado,
ni la forma de decirlo,
lo más bonito de aquel poema,
eras tú.
Un viajero perdido,
entre el miedo y las palabras,
entre las lineas de un poema,
entre los acordes de una canción.
Eras eso,
un hermoso defecto de la naturaleza.
domingo, 18 de agosto de 2013
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario