Todo va bien hasta que sin darte cuenta algo falla, el invierno entero se desploma en tu cama y haces del insomnio un amante pasajero. Todos resultan ser daños colaterales, sueños abandonados en una cuneta o heridas del pasado sin cicatrizar. Entonces, cuando te va a estallar el pecho, haces de la soledad tu mejor amiga y le cuentas, en un suspiro, tu secreto. Que acumulas desastres. ¿Y como confiar si vas de cagada en cagada?. Vale que siempre fuiste mas de fondo que de velocidad. Quiero decir, se te da mejor el sufrimiento a largo plazo, enamorarte de poemas a medio acabar o de viejos suicidios. Te das cuenta de que cargas con toneladas de dolor. Quieres lanzarlos a la deriva, perderlos para siempre. Es difícil concentrarse y no poder escribir. O no poder dibujar. Así que le echas la culpa al arte. Como si un puñado de versos tuviesen la culpa. Lo das todo por perdido, escuchas la última canción y haces de una madrugada la mas fría del mundo.
Piensas para consolarte que mañana sera otro día.
Pero todos los días son iguales.
domingo, 5 de enero de 2014
5Enero2014
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