martes, 5 de abril de 2016

Los huesos tan rotos que ni el Sol te regenera. Las sonrisas caducadas y el olvido a punto de disparar. 
Recuerda que nunca fuiste tinta sólo papel esperando con ansias la eternidad, solo fuiste fuego fatuo besando el cielo. Fuiste ganas de comerte el mundo, en una cama, con una musa, con una estrella. Fuiste y sigues siendo poesía aunque ya no la quieras, aunque todavía no te quieras.
Pero ser sin sentir es como ser sin vivir. Y tú te sentías síntesis simbiótica de niebla y oscuridad. 
Necesitabas luz. 
Encontraste vacío.
Y algunos besos envenenados por el engaño del tiempo que pasa sin pesar (o pesa sin pasar) pero hiere. Mata.
Que no nos engañen. La muerte es el final, nadie resucita. La inmortalidad se esconde en las miradas del ahora que nos empeñamos en obviar. 
Mientras, el pasado se alimenta de lágrimas destruyendo las líneas ya imperfectas, por definición, de los recuerdos.
Obsesión malsana la de luchar a contracorriente. Pero fuimos. Y de lo que somos seremos. 
Inmortales o por lo menos, invencibles. Cargados de rabia con sabor a pena, con sabor a suicidio. 
Quizá tristes pero orgullosos supervivientes que escupen fuego por la boca y sangran ante cada miseria. 
Quizá incompletos pero haciendo de la nada todo y de unos ojos bandera. 
Salida de emergencia, punto de fuga, vía de escape. 

Y final.



La magia es de Óscar, como siempre. Gracias.
Y lo mío sólo la estela.

domingo, 3 de abril de 2016

El antes

Ojalá me pudiese creer invencible después de una vida manchada de derrota. 
Ojalá pudiese mirarme al espejo fijamente. Ojalá pudiese recorrerme entera, 
ojalá pudiese aguantarme la mirada, 
sin llorar. 

Ojalá pudiese coserme las heridas, besarlas y declararme templo. 
Y hacerme ciudad.
Ojalá me doliese el coño de tanto quereme. 
Pero aquí, lo único que me duelen son los pulmones. Son las muñecas de aferrarme a lo que no debía, de confiar en lo que no debía. De odiarme una y otra, y otra vez. 
Aquí lo único que me duele es la lengua, de tanto mordermela, de tragar tanta ira, de tragar tanta oscuridad. 
De nunca decirme que me quiero. Porque no es verdad. Porque soy toda ceniza. Porque soy toda recuerdo. Y entre mis piernas sólo hay sangre. 

Y la soledad acechante aulla. Joder, lucha. Aguanta. Revoluciónate. Agita banderas. Declarate la paz.
Hazte el amor.

Quítate toda esa ansiedad de la boca del estómago. Quítate el futuro oscuro de los ojos. Quítate la ropa.

Y oye, que la libertad dice que necesitamos quitarnos la vergüenza, la tristeza, los complejos, el miedo
Desvestirnos  delante del espejo.

Sonreír. 

Y llamarnos hogar.