En el momento en el que las paredes vibran. Como si se fuesen a romper.
A caer sobre nuestras vidas. En el momento en el que nuestra risa se apaga. Y sólo queda un eco triste. El momento en el que el mundo cansado, me da la espalda.
Tú le sonríes al universo.
Y yo, inconscientemente, te devuelvo la sonrisa. Tú, que le dices a la noche que duerma. Y cae rendida hasta la luna.
Eh, que ya estamos en primavera,
o algo así me dices mientras intento olvidarte. Mientras intento recuperarme de cada suicidio.
Luego, es cuando viene eso del no me olvides.
Los silencios.
Y los espacios.
Luego viene cuando la lluvia se acobarda y regresa al cielo. Cuando sin querer, cierro los ojos y me susurras que has vuelto. Es entonces (después de esto). Después de tanto caos y tan poco orden. De tantos versos. Tantos atardeceres enfrascados y un puñado de noches mal pintadas, cuando me doy cuenta
de todo lo demás,
de esa mierda de que
tú y yo
(en el centro de este eterno suspiro)
ni siquiera podemos llegar
a ser.