miércoles, 24 de septiembre de 2014
Mirarte
lunes, 11 de agosto de 2014
Arte.
Y está el miedo. A perderte. A no poder volver a dejar escapar una sonrisa y llenarlo todo de color. Está eso, el olvido.
Y luego estás tú, tan Pola París, tan Madrid de noche, tan Benedetti en tu almohada, tan Allende en la moneda, tan bonita...
Tú. Dándole el sentido a las palabras o la música a las estaciones. Haciendo de tu poesía una de mis razones para creer en el mundo.
La poesía. Tu poesía. Donde te descubrí y donde quiero quedarme a dormir para siempre.
jueves, 10 de julio de 2014
Frágil
Un suspiro es el que te recuerda que los huesos son demasiado frágiles como para soportar toda una eternidad. Un grito ahogado o la bocanada de aire previa al llanto, es la que te recuerda la fragilidad de las personas. Y la luna, es la que te dice que todos, seremos polvo.
Luego llega el punto de inflexión (el de la poesía suicida). La soledad. Y después la parada cardiaca. El sentimiento de culpa en forma de ráfaga de aire o el dolor en forma de 'te he echado de menos'. También están los bucles contradictorios. Las antítesis. El querer hablar, callar o simplemente silenciar gritos.
Está el miedo a cerrar los ojos. También existe el olvido. Y el estar sola en una casa con olor a sangre.
El eco de las voces. De nuestras voces. Una historia oxidada en cada rincón de tu habitación. Existe el orgullo, las ganas de no verte, no pensarme. Irte y no volver.
Caben sólo seis letras en unos labios. Y en una mirada, mucha impotencia. Y demasiado dolor.
Asi que estás tú recordando los daños y yo, mirándome el corazón.
sábado, 24 de mayo de 2014
Cuando tus palabras me rozan recuerdo que mi punto de gravedad está en el miedo. Cuando el cielo me mira con nostalgia y se le van cayendo los colores poco a poco, te abrazo.
Tienes razón, te digo. Pero no estás.
Cierro los ojos y le pido tregua al tiempo. Necesito retroceder hasta tus ojos y después, detener la primavera. Y llorar, supongo. Decirte que nunca se me ha dado bien eso de tragar humo de madrugada.
Ni reconocer lo perdida que estoy a veces.
Creo que, a pesar de todo, le tengo que pedir perdón a la vida. Por quererla tan poco, por dejarla tan sola en todos aquellos bares. Por girarle la cara cada vez que me suplicaba que no la engañase con la tristeza. Por confiar más en la muerte que en ella.
Y a los sueños, también, perdón, por no creer en ellos.
Tenías razón, no soy justa. O soy cobarde, no lo sé. O simplemente prefiero vivir en tonos grises antes de intentar ser feliz, cagarla, y llenarlo todo de sangre. Porque hay inviernos que son muy frios y daños que son irreparables. Y el miedo, siempre va a ser el miedo, y hay riesgos que, por culpa de los destrozos, nunca he sido capaz de correr.
gracias
Que desde que salté dentro de tus ojos la vida ya no duele lo mismo
pero duele.
lunes, 12 de mayo de 2014
Los miedos trepan lentamente desde tu estómago hacia tu garganta. Tu respiración se vuelve entrecortada y el pulso se te acelera. Notas como te inundas por dentro y te comienzas a tropezar con los escombros de lo que creías que había sido una victoria. La oscuridad te absorbe cuando eres consciente de que te encuentras en un lugar desconocido. Perdida y completamente sola. No sabes de dónde vienes ni a dónde te diriges, lo único que sabes es que tienes que escapar. Que tienes que dejar de ser tú para poder sobrevivir a la infinidad de tormentas que están por llegar.
Entonces, intentas gritar.
Pero los pulmones se te llenan de polvo y la boca de sangre. Estás ya demasiado rota como para poder pedir ayuda. No eres lo que creías ni llegarás a ser lo que te propones. Tus ruinas son cada vez más visibles y los pocos cimientos que te quedan se debilitan.
Cuando te das cuenta de que no puedes escapar de tu vida
rompes a llorar
estás cansada ya de tanto desorden, tanto dolor.
Y una vez abatida,
estiras el brazo con esperanza
allí está.
miércoles, 9 de abril de 2014
Llevo ya dos noches con ese dolor que me producen las ganas de escribirte. Sintiendo el jadeo del tiempo en mis labios. Sintiéndote cada vez más cerca. Más poesía. Más olvido. Escuchando el crujir de tus huesos contra el colchón cada vez que rozo con la boca tu piel. Que el sabor del recuerdo me escueza en las manos y comience a gritar todo aquello que nunca te dije. Que contigo todo era tan triste. Tan incompleto. Y yo, tan insegura.
No te quejes del frío de mis manos, que ya sabes, que conmigo siempre es invierno. No me pidas que vea dentro de tí, que te mire a los ojos. Si tú nunca has sido capaz de verte a ti mismo. Ni de verme a mi, siendo yo misma.
Por favor, no me pidas que te perdone, ni que te pida perdón si sólo pronunciar tu nombre me duele. Si un bucle de sentimientos contradictorios se apodera cuando estoy cerca de tí. No me pidas un 'lo siento'. Porque lo único que siento son miles de palabras haciéndose sangre en mi boca. Y tanta tinta en tus manos.
Y tanto tiempo perdida buscando algo en tus ojos.
Así que ahora que ya he tocado fondo, sólo me queda salir a la superficie a por aire
y volverme a ahogar.
miércoles, 26 de marzo de 2014
Untitled
En el momento en el que las paredes vibran. Como si se fuesen a romper.
A caer sobre nuestras vidas. En el momento en el que nuestra risa se apaga. Y sólo queda un eco triste. El momento en el que el mundo cansado, me da la espalda.
Tú le sonríes al universo.
Y yo, inconscientemente, te devuelvo la sonrisa. Tú, que le dices a la noche que duerma. Y cae rendida hasta la luna.
Eh, que ya estamos en primavera,
o algo así me dices mientras intento olvidarte. Mientras intento recuperarme de cada suicidio.
Luego, es cuando viene eso del no me olvides.
Los silencios.
Y los espacios.
Luego viene cuando la lluvia se acobarda y regresa al cielo. Cuando sin querer, cierro los ojos y me susurras que has vuelto. Es entonces (después de esto). Después de tanto caos y tan poco orden. De tantos versos. Tantos atardeceres enfrascados y un puñado de noches mal pintadas, cuando me doy cuenta
de todo lo demás,
de esa mierda de que
tú y yo
(en el centro de este eterno suspiro)
ni siquiera podemos llegar
a ser.
domingo, 23 de marzo de 2014
Por última vez
Esta vez sólo te pido que mejor no te apuestes nada con el olvido, ya sabes que luego acabamos los dos muy rotos y con los labios demasiado secos. Estoy cansada de tener que buscarte en cada esquina y en cada charco cada vez que te vas, de sentir el sabor de tus labios en el café, de oír tu voz impregnando las cuerdas de mi guitarra, y de no sentir tu calor en mi cama al despertar. Lo siento si alguna vez he roto los esquemas de tus inseguridades, perdóname por colarme así como lo hice en tu vida, sin llamar a la puerta y de puntillas (para no molestar). También, lo siento, supongo, por quererte más de la cuenta. Y además hacerlo tan mal. Sólo te pido
que prescindas de subirme al cielo
regalándome tu sonrisa, susurrándome al oído que eres feliz cuando estás conmigo y besándome a cada dos pasos, si lo siguiente que hagas va a ser dejarme caer, porque nunca he llevado bien las putas despedidas y sé que no puedo renunciar a ti.
De verdad, que ya sabes que tragar lágrimas no es lo mio, que siempre me han dolido demasiado estos abrazos a camara lenta. Así que ahora,
ya gastados todos los suspiros y la esperanza de volver a verte,
sólo me tengo a mi y estas ganas de perderme en algún silencio.
Noto que llega la despedida, y aunque sé que será para mal, tengo un último ruego, por todo aquello que fuimos, por lo que nunca dejaremos de ser:
brinda, con tus labios sobre los míos.
Y no me pidas que te vea partir
por última vez.
Escribiendo esta vez con @ClariisParty, que ya sabe que esas tristezas, esas melancolías y lo puta que puede llegar a ser la vida se pueden convertir algo bonito.
martes, 18 de marzo de 2014
Tú
Eso es lo que tienen las drogas, que aunque las dejes, tarde o temprano vas a recaer. Por eso supongo que las calles no se han sorprendido al vernos otra vez allí. Deshaciéndonos entre tantas tormentas. Creo que ese es el problema, que corres por mis venas una vez y ya te necesito todas. Por eso esta noche he llorado en tu boca. Porque no quiero empezar a escribir otra vez sobre los márgenes de tu vida. Volver a esos mensajes trasnochados de "eh, necesito que pongas en orden este infierno". Y sabes de sobra que no quiero volver a encontrarme de puntillas en los límites de la cordura. Con el miedo de que tus palabras atragantadas me arrastren al delirio.
No quiero que después de dejar de existir, seamos.
Asi que supongo que no necesito otra noche de estas. Otra noche de bailar mirándonos a los ojos y no al suelo. Tampoco quiero volver a perderme entre tus sábanas. Volver a despertarme con una de tus sonrisas de sueño roto. O sentir tu aliento en cada una de mis estaciones.
No puedo recuperarte porque eso significaría volver a perderme.
No puedes volver a entrar en mis libros a pesar de los besos apresurados o esos abrazos que duran más de la cuenta. A pesar de esas miradas cargadas de insomnio y tristezas. No puedo, entiéndelo. Entiende que mi corazón no puede permitirse el lujo de latir así como lo hace cada vez que te ve venir. Asi que esto va a ser lo último que te escriba. Tú querías que te escribiese y aquí lo tienes, desde el corazón (que tu destrozaste) hasta los ojos que voy a echar de menos. No es un "fue bonito mientras duró", no, es un "ojalá que ahora que te estás marchando sea todo más bonito y espero encontrar en otra boca lo que vi en la tuya". Darte las gracias porque no sé ni cómo ni por qué me inspirabas tanto. Tantos poemas con tu nombre o tantos dibujos con tu risa.
Y no va a haber más noches de sonrisas inconscientes. Ni de labios desgastados. Ni más noches de poemas y guitarras desafinadas.
Ni más de esas noches de
sola (pero)
contigo.
martes, 25 de febrero de 2014
Finales.
Ya cansada de hablar de lo mismo, de tus ires y venires por el mundo, de que cada vez que sonríes creo un poquito más en la poesía y un poquito menos en la suerte. Cansada de eso de enfrentarme cada noche a un folio en blanco, de enfrentarme a tu locura y convencerme de que no, no me enamora. Desear no caerme de nuevo por los abismos de tu vida cada vez que te veo perdido entre las estrofas de cualquier canción. Y tenerle miedo, a los puntos finales, a los meses de diciembre, a los "buenas noches, hasta mañana" porque son tristes.
Finales.
Encariñarme de más, y que tú lo hagas de menos, sonreír y que nadie más lo haga, escribir versos para que sólo la luna los vea. Llenarte de miles de silencios empezando por tu nuca y terminando en la mano con la que escribes, para que se hagan tinta, para que se hagan sueños. Y caminar despacito por los pasillos de tus inseguridades, hasta llegar a tu habitación (esa en la que coleccionas los días nublados) y poquito a poco colarme en tu cama. Así, como un suspiro, para que me sientas. Tenerte lo suficientemente cerca para confesarte que las metáforas no son lo mio, que si te echo de menos, es que te echo jodidamente de menos, y que si tengo miedo a perderte es que de verdad estoy demasiado asustada
y este espacio es para que de verdad me creas cuando te digo que sueño contigo,
que cada vez que el mundo se convierte en un lugar demasiado fácil, corro a esconderme en el caos de tu boca y dejo que las ventiscas de tu aliento me arrastren, entera, a eso que a veces confundo con la libertad,
que siendo así como eres ya haces que todo parezca más sencillo,
y sabes que nunca jamás te voy a pedir la luna, ni el cielo ni millones de estrellas, porque no los necesito estando tú por la Tierra,
lo que sí te voy a pedir es que no dejes de sonreír así como sólo tú sabes hacerlo,
con las palabras
jueves, 6 de febrero de 2014
domingo, 5 de enero de 2014
5Enero2014
Todo va bien hasta que sin darte cuenta algo falla, el invierno entero se desploma en tu cama y haces del insomnio un amante pasajero. Todos resultan ser daños colaterales, sueños abandonados en una cuneta o heridas del pasado sin cicatrizar. Entonces, cuando te va a estallar el pecho, haces de la soledad tu mejor amiga y le cuentas, en un suspiro, tu secreto. Que acumulas desastres. ¿Y como confiar si vas de cagada en cagada?. Vale que siempre fuiste mas de fondo que de velocidad. Quiero decir, se te da mejor el sufrimiento a largo plazo, enamorarte de poemas a medio acabar o de viejos suicidios. Te das cuenta de que cargas con toneladas de dolor. Quieres lanzarlos a la deriva, perderlos para siempre. Es difícil concentrarse y no poder escribir. O no poder dibujar. Así que le echas la culpa al arte. Como si un puñado de versos tuviesen la culpa. Lo das todo por perdido, escuchas la última canción y haces de una madrugada la mas fría del mundo.
Piensas para consolarte que mañana sera otro día.
Pero todos los días son iguales.