sábado, 24 de mayo de 2014

Cuando tus palabras me rozan recuerdo que mi punto de gravedad está en el miedo. Cuando el cielo me mira con nostalgia y se le van cayendo los colores poco a poco, te abrazo.

Tienes razón, te digo. Pero no estás.

Cierro los ojos y le pido tregua al tiempo. Necesito retroceder hasta tus ojos y después, detener la primavera. Y llorar, supongo. Decirte que nunca se me ha dado bien eso de tragar humo de madrugada.

Ni reconocer lo perdida que estoy a veces.

Creo que, a pesar de todo, le tengo que pedir perdón a la vida. Por quererla tan poco, por dejarla tan sola en todos aquellos bares. Por girarle la cara cada vez que me suplicaba que no la engañase con la tristeza. Por confiar más en la muerte que en ella.

Y a los sueños, también, perdón, por no creer en ellos.

Tenías razón, no soy justa. O soy cobarde, no lo sé. O simplemente prefiero vivir en tonos grises antes de intentar ser feliz, cagarla, y llenarlo todo de sangre. Porque hay inviernos que son muy frios y daños que son irreparables. Y el miedo, siempre va a ser el miedo, y hay riesgos que, por culpa de los destrozos, nunca he sido capaz de correr.

gracias

Que desde que salté dentro de tus ojos la vida ya no duele lo mismo

pero duele.

lunes, 12 de mayo de 2014

Los miedos trepan lentamente desde tu estómago hacia tu garganta. Tu respiración se vuelve entrecortada y el pulso se te acelera. Notas como te inundas por dentro y te comienzas a tropezar con los escombros de lo que creías que había sido una victoria. La oscuridad te absorbe cuando eres consciente de que te encuentras en un lugar desconocido. Perdida y completamente sola. No sabes de dónde vienes ni a dónde te diriges, lo único que sabes es que tienes que escapar. Que tienes que dejar de ser tú para poder sobrevivir a la infinidad de tormentas que están por llegar.
Entonces, intentas gritar.
Pero los pulmones se te llenan de polvo y la boca de sangre. Estás ya demasiado rota como para poder pedir ayuda. No eres lo que creías ni llegarás a ser lo que te propones. Tus ruinas son cada vez más visibles y los pocos cimientos que te quedan se debilitan.

Cuando te das cuenta de que no puedes escapar de tu vida
rompes a llorar

estás cansada ya de tanto desorden, tanto dolor.

Y una vez abatida,
estiras el brazo con esperanza

allí está.