martes, 14 de mayo de 2013

Para un desconocido.


Te escribo desde otro planeta. No un planeta en el que la felicidad es constante y en el que yo vivo feliz. Simplemente otro planeta. Me gustaria que, aunque fuese, una sola palabra, te llegase al corazón. Que una palabra te hiciese detenerte o te hiciese pensar en la primavera, la lluvia, el Sol o las Estrellas. Ojalá lo leas. Porque quizá no lo leas nunca. Ojalá sonrias. Ojalá se te llene el alma de canciones, de versos, de vida.
En serio, ojalá te haga sentir algo que no sea nostalgia.

Asi pues, querido desconocido quería dedicarte estas palabras:

Muchas veces sentimos que la vida nos ha dado la espalda. Que caemos solos en una especie de abismo sin tener abajo unos brazos que nos sujenten. Que nos abracen.
Sentimos un inmenso dolor en nuestros corazones, sentimos como nuestra alma se rompe cada minuto, cada segundo que pasamos en soledad.
Tenemos ganas de gritar, de llorar, de escapar a otro lugar. Otra vida.
Podriamos ser libres, ser felices, pero siempre hay algo que nos ata al constante malestar.
Tú, que eres un luchador, ¿a qué temes?.
A la soledad quizá o al rechazo. No lo sé. No sé nada de tí. Solo sé de los sentimientos que leí.
Analicé tus palabras una a una cuando con ira las escribiste. Y no sé por qué movieron algo en mi interior. Quizá el no poder ayudarte, el querer oirte aunque sé, que por más que grites, nunca voy a poder o tal vez el querer sonreirte aunque sé que por la distacia,  jamás me vas a ver.
Nunca se está solo. Estemos donde estemos siempre hay gente dispuesta a ayudarnos, a acompañarnos en el camino. Y si estamos en un foso, si estamos en un foso lo único que tenemos que hacer es abrir los ojos, buscar en nuestro interior y aferrarnos a cualquier rayo de luz. Siempre hay rayos de luz por muy oscuro. Siempre los hay porque si no, nos fundiriamos con la oscuridad hasta ser nada.
Nos tiene que quedar claro, a todos. Alli fuera hay personas que estarían dispuestas a dar la vida por nosotros y eso ya es motivo suficiente para sonteir cada mañana. Saber que no estamos solos. Que alguien nos quiere ayudar.
Pero para darnos cuenta de quien nos quiere y quien no, de con quién podemos contar y con quién no, hemos de salir del bucle de sentimientos en el que estamos metidos.
Tenemos que ser capaces de salir a la calle con la cabeza bien alta, sentirnos únicos y libres y pensar que nada ni nadie, puede hacernos daño.
Y sin dudarlo, sonreir.

Yo que vivo en mi planeta, tú que vives en el tuyo, no somos tan distintos. Ni muchos otros que puede que lean esto. Todos nos hemos sentido impotentes alguna vez.
Por eso, tienes que saber que no estás solo. Que aunque haya mucho cielo entre nosotros,

yo estoy aquì.

Te envio una sonrisa allá dónde estés, desconocido.

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