jueves, 30 de mayo de 2013

La verdad es que cada vez que alguien reconoce mis méritos, que no son muchos, o mis habilidades no puedo evitar sonreir.
Sonreir, disipar un poco las brumas que nublan mi mente y secarme las lágrimas.
Tener la certeza de que sirvo para algo. De que algo por pequeño e insignificante que sea, se me da bien y que hay personas que lo reconocen. Que lo saben apreciar y me lo dicen.
Y  sinceramente, a veces me entran ganas de llorar cada vez que un desconocido me lo dice. Ganas  de dejarlo todo y hacer lo que de verdad me gusta. Lo que no me causa dolor, únicamente una extraña tranquilidad conmigo misma y una tregua con aquello que me rodea.
Porque para mí escribir y leer es viajar a otros mundos.
Encontrarme en una persona que no soy yo, en una vida que no es la mia.
Creo que verdaderamente es ser yo misma y la persona que quiero ser.

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