No sé pero llegaste como un huracán y te dejaste todas las ventanas abiertas. Me dijiste cosas extrañas y te acercaste más y más. Me cogiste los dedos, aunque ellos, si no recuerdo mal, intentaban huir. Lo demás fue rápido. Tu mano en la cintura, en la cara. Y entramos en sintonía. Tú en la mía o yo en la tuya, no lo sé. La cosa, es que saboreamos nuestras locuras. Y si ahora me piden un motivo por seguir luchando les diré que necesito las tormentas de tu boca.
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