Cuando el Sol caiga del cielo y la Luna y las Estrellas ocupen su lugar.
Cuando las lágrimas te hagan reir y las sonrisas te hagan llorar. Cuando tus sueños se arrastren jadeando por el suelo de un bar. Cuando mueras, cuando mueras de felicidad.
Será el momento en el que al cerrar los ojos lo verás.
Ante tí el bosque en el que abandonaste el deseo de regresar.
Regresar a esa vida perdida y recuperar las noches no dormidas.
Dormir mientras otros viven y soñar mientras otros mueren.
Y escupir.
Escupir las palabras que bebes y gritar.
Gritarme todas las palabras que me debes.
Que puedes llorar si quieres, decirme cuando mueres o gritarle al tiempo lo que eres. Lo que eres no lo que pudiste haber sido en el abismo en el que has caido o durante los infiernos que has vivido.
O besar, besar las palabras que te susurran lo que quieres, que te avisan cuando amas o que limpian la sangre que derramas. Pero eso sólo, eso solo cuando caminas mas allá de la esquina. De la esquina de la calle de tu inconsciencia y la rareza.
La rareza contenida en la palabra hace tiempo ya.
Perdida.
miércoles, 23 de enero de 2013
Las palabras que les robé.
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