jueves, 11 de junio de 2015

a modo de caos


Te permites el lujo de confiar demasiado en la vida pero pasa lo que siempre pasa 
que te dejas llevar demasiado
                       que te rompes (o te destrozan).


Mientras esperas a la primavera abierta de piernas, cientos de huracanes se acomodan silenciosos en tu pecho. Te arrancan todos los pinceles de las manos y llenan todos tus folios de lágrimas contenidas. El miedo se instala de nuevo en tu casa, te recuerda que este va a ser el verano más frío de entre todos los inviernos y te golpea fuerte en la cara, hiriendo de gravedad la confianza que te queda. Se acabó eso de querer creer en verso y prosa ahora que estás perdiendo el uso de los sentidos y la poca razón que tenías está amenazando con fugarse.

Te quieres salvar, todos queremos. 

Pero no puedes, te estas ahogando en un mar de incertidumbre. 
Los fantasmas ya han entrado en tu cama y la poca poesía que tienes nunca ha sido lo suficientemente fuerte (ni bonita) como para echarlos. Los recuerdos ya están demasiado desgastados y  todas esas sonrisas que en su día coleccionaste, están sangrando. Como tus labios echando de menos algún beso de Suerte (o algún golpe).

A partir de este momento, de este punto de inflexión en el que la nostalgia quiere destruirte, olvídate de todo. De todo lo que lo que creías saber. Porque es mentira.

Reniega a esa falsa felicidad reprogramada de la cual no vas a recibir más dosis. 

Prepárate.

Que el último bote salvavivas era el de tus sueños y este ya partió hace mucho tiempo. Prepárate para el naufragio, para las noches de insomnio, para las calles sin salida. 

Prepárate para estar tan triste, que incluso, vas a ser capaz de volver 



a escribir. 



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